Alécio de Andrade

  Fue conocido como “el fotógrafo del Louvre”. Durante cuarenta años se paseó por él, robando las sensaciones de sus visitantes. Cuadros sobre cuadros. Muy interesante. Hay mucha información sobre este tema, que dejaré en unos cuantos enlaces al final. Pero yo me voy a salir del museo para mostrar otra parte. Menos conocida.     Como siempre, cacharreando, lo encontré en internet. Creo que fue gracias a la desaparecida

Tere

Recuerdo ver a mi hermana planchando, fregando, limpiando de rodillas el suelo con un cepillo de raíz. Era lo normal por ser hija y mujer. La recuerdo bañándome, tocando el piano, estudiando, llamando por teléfono para quedarse un poco más, el día que cumplía dieciocho años, llegando a casa al poco rato. No recuerdo cuando me tiró desde sus brazos al suelo, para ver qué pasaba, y que me tapaba

Gabrielle Duplantier

    Tiene ella eso que yo busco a veces, cuando, no sé por qué, me atrae el placer de la desgracia. Sus fotografías son como canciones tristes en las que te recreas; esa manía de encontrarse con el pasado peor. Son como olores que te transportan a las peores imágenes. O el tacto de lo que perdiste. A veces me gusta lo que ve Gabrielle Duplantier. Otras, odio su

Encuentros en la décima fase

Somos lo que tenemos. También somos nuestro pasado. Hace treinta años yo, es que soy así. De dónde era así. De cuándo. De no encajar, de no hablar, de no escuchar o escuchar demasiado. Y las maletas sin abrir, esperando un nuevo viaje. Mirando debajo de las camas, por si alguien se había olvidado de irse. Como yo, que se fue. Sin haber esperado, sin haber escuchado, sin haber hablado.