Daido Moriyama me extrañó tanto como Jimi Hendrix, cuando lo escuché por primera vez. Yo venía de los Beatles (su primera época). Es como pasar de Mortadelo y Filemón a Kafka, de una bombilla a una vela, o de internet a una biblioteca. Tienes que esforzarte para saber si, de verdad, te gusta, te interesa. Hendrix no es fácil. Moriyama, tampoco. La cabeza tiene espacio para todos (She loves you e Ibáñez, me siguen gustando).

Hay más artistas que arte. Un espectador en un escenario. Un público repleto de músicos excelentes, pintores geniales, escritores espectaculares, fotógrafos tocados por dios (D).

Moriyama es ese espectador. Un observador de artistas.

 

 

Influenciado, entre otros, por William Klein, Robert Frank, Andy Warhol y Jack Kerouac, empezó estudiando diseño gráfico. Pronto lo dejó por la fotografía. Uno de los “clicks” fue Takuma Nakahira, fundador de la revista provoke, en la que participaría en los números 2 y 3 (sólo tuvieron tres, de 1968 a 1969). Su punto de vista lo dejaban bastante claro en el primer número:

     Las palabras han perdido la fuerza que una vez poseyó la realidad. Ante tal situación, el fotógrafo debe capturar con sus ojos los vestigios de la realidad que las palabras no pueden alcanzar. Sentimos que debemos entregar este material provocativo en lugar de palabras.

Las fotografías de provoke están borrosas, mal encuadradas y tienen mucho grano.

Daido Moriyama seguirá en esta línea a lo largo de su trabajo. Muy pocas veces (los últimos años) encontramos fotografías en color. Cámaras compactas, sin visor, ligeras, para hacer muchos kilómetros a pie.

 

Mis fotografías no son arte, salen libremente y son tomadas con mi cuerpo, no con mi ojo.

 

 

El arte es crear algo desde la nada. La fotografía, esencialmente, no crea nada; es más un instrumento para copiar imágenes ya existentes. Entonces, ¿por qué no partir de esta suposición de copia y así llegar a estar más cerca de la esencia fotográfica?

 

 

La fotografía termina en el mismo lugar en el que comienza.

El fotógrafo sólo es un observador.

 

 

Con la existencia de la cámara, trato de consumirme a mí mismo. Y consumiéndome a mí mismo, tengo que cambiarme constantemente.

 

 

La fotografía no tiene originalidad.

Por favor, no digas que eso es arte.

 

 

 

 

Página web de Daido Moriyama

Artículo de Gloria Crespo Maclennan

El Cultural

El Periódico

 

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